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DURAS PERO IMPRESCINDIBLES

12/11/2020 | Jose Antonio Suso

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DURAS PERO IMPRESCINDIBLES

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Oía ayer reprobar aquella idea que circuló en el mes de abril avalando que la pandemia nos iba a hacer “mejores personas”.  Quien defendía la tesis también aseguraba que esta segunda ola iba a servir para dejar al descubierto a aquellas personas de corazón solidario y, también, aquellas de corazón mezquino. Venía a cuento del hostelero que, tras la persiana de su establecimiento, encontró una carta que una o un cliente anónimo rellenó con una nota de apoyo y, en metálico, la suma del importe de los desayunos que no iba a poder tomar en barra a lo largo de este mes de noviembre. Apoyo emocional y apoyo económico servido en la misma bandeja que es instrumento de trabajo para uno de los sectores más afectados por las secuelas de la pandemia.

La hostelería en Euskadi cuenta con algo más de 12.000 establecimientos hosteleros en los que trabajan más de 48.000 personas. Una importante afección directa o indirecta como para quienes proveen de bebidas y alimentos con los que llenar las barras y mesas de bares y restaurantes, quienes se dedican a la producción y distribución de prensa escrita con que acompañar al café matutino, quienes se encargan de la reposición de mobiliario y otros enseres desde las vajillas a los taburetes, …

Las últimas medidas anticovid han sido duras pero eran necesarias. Duras tanto en lo social como en lo económico. Llueve sobre mojado. Necesarias porque el prominente aumento de personas contagiadas es sinónimo de incremento de la presión de nuestros centros sanitarios y de su personal. Y esa presión tiene un tope, es la clave para hacer implosionar la asistencia sanitaria.

Hace menos de una semana que la evolución de los datos covid obligó a bajar la persiana de los establecimientos hosteleros vascos dejando las calles un poco huérfanas y a sus transeúntes desorientados ante la carencia de esa función social que cumple “el bar” como lugar de encuentro, entablar relaciones, esparcimiento ... algo tan arraigado en nuestra cultura.

Nos habían llegado voces del norte de Europa para anunciarnos que esta medida ya se había adoptado cambiando la fotografía de las calles de Paris, Londres, Praga o Roma. Lo teníamos presente aquí al lado, en las Comunidades Autónomas de Navarra, La Rioja, Aragón o Castilla-León. Y volvimos a visualizar la balanza en la que se trata de equilibrar lo sanitario y lo económico. 

Tres días después de decretar el cierre hostelero el Gobierno Vasco ponía a disposición un plan de ayudas directas para el sector hostelería + comercio por valor de 30 millones de euros, un equipo para facilitar su gestión y una línea de financiación Elkargi para operaciones inferiores a los 10.000€.  Son medidas complementarias a las ayudas extraordinarias a autónomos de Lanbide por valor de 16 milllones de euros así como los complementos a los ERTES para las rentas más bajas, las medidas fiscales de las Diputaciones Forales, las medidas de apoyo directo ofrecidas por Ayuntamientos y Diputaciones y las medidas de apoyo al consumo mediante el lanzamiento de dos líneas de bonos. Son medidas adicionales que se suman a las existentes desde el mes de mayo y a las aprobadas el 3 de noviembre.

Puede que el volumen de las ayudas no sea suficiente. Puede que estas ayudas no sirvan para paliar el 100% de los daños ocasionados por un virus que hasta ahora se muestra implacable e inclemente. Pero son hechos, no palabras.

Y los hechos contrastan con las palabras cuando éstas vienen vacías. Ahora que la oposición le ha cogido el gusto a estar en contra sí o sí y para lo que sea,  se ahonda la zanja que separa lo material de lo etéreo. Ahí tenemos a EHBildu que rememora el juego de las “cuatro esquinitas” para colocarse, por defecto, en la esquina opuesta en la que se sitúa EAJ-PNV. ¿Afición o devoción?

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