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XABIER AGIRRE, AGUR ETA OHORE. Artículo de José Antonio Suso

15/02/2021 | Jose Antonio Suso

A Xabier Agirre López se le coló en el cuerpo el compromiso con su país, con su ideología y con su partido muy pronto, siendo un adolescente. Compromiso que no le abandonó hasta decirnos agur este sábado. Primero, en clandestinidad, haciendo que las entonces ‘ilegales’ ikurriñas tuvieran presencia pública. Acciones que se enmarcaban en el terreno de la reivindicación y de la lucha por la recuperación de la democracia. Eran los últimos años de un franquismo agónico que para el PNV supusieron 40 años de opresión, persecución, destierro y muerte.

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XABIER AGIRRE, AGUR ETA OHORE. Artículo de José Antonio Suso

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 Xabier Agirre fue uno de los responsables de la reconstrucción, ladrillo a ladrillo, de ese sólido edificio que hoy es la organización del Partido Nacionalista Vasco en Álava. Cuando le conocí, él era un joven y experimentado presidente del ABB y yo un recién llegado a la gestión pública en la alcaldía de Arraia-Maeztu. Eran mediados de la década de los 80 y en poco tiempo se convertiría en el ‘portagritos’, como él siempre se autodenominó, de un Partido Nacionalista Vasco al que se le había partido el alma en dos.

Hombre de carácter, nunca se dejó amilanar por las dificultades. Nunca le faltó verbo fluido, conciso, brillante y, si hacía falta, contundente. Y, sí, era un hombre exigente, riguroso y metódico, pero tuvo esa habilidad innata para gestionar el ‘tú a tú’ desde el calor que aporta la cercanía y el cariño. Dicen que quien tiene inteligencia y sabe administrarla no es ajeno al humor. Xabier tenía esa chispa, ese ingenio que le convertía en mago de las relaciones personales. Guante de acero en una mano y guante de seda en la otra.

Honradez y coherencia con las ideas propias. Las dos máximas con las que se condujo dentro y fuera del partido. Tuvo varias responsabilidades institucionales y en todas dio la talla. Una de ellas fue la que llenó su corazón alavés desde el máximo orgullo y profunda responsabilidad. Al cruzar el Palacio de la Provincia en julio de 2007, el diputado general Xabier Agirre llevaba su vademécum personal bajo el brazo. En él escritas tres palabras, “trabajo, trabajo, trabajo”, para ahondar en el desarrollo del Territorio y en beneficio de una sociedad alavesa plural que exige diálogo y acuerdo. Estas fueron sus herramientas.

Pronto, demasiado pronto, Mari Paz ha perdido a un compañero entregado, Garazi y Leixuri a un aita abnegado, y EAJ-PNV a un referente de la historia del nacionalismo en Álava del que se han venido nutriendo las jóvenes generaciones jeltzales actuales y lo seguirán haciendo las venideras.

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