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LIBRES, NO VALIENTES

28/11/2019 | Jose Antonio Suso

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LIBRES, NO VALIENTES

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4.659 mujeres vascas reciben algún tipo de protección policial como víctimas de la violencia de género. 752 en Álava.  11 de estas últimas viven con escolta.

3.023 órdenes judiciales de protección o alejamiento dictadas el año 2018. 503 en Araba. 5 de estos  agresores llevan pulsera de control telemático para asegurar el cumplimento de la orden judicial.

Víctimas y verdugos. La cara y la cruz de la moneda de la violencia de género que durante el año pasado registró una media de 12 casos diarios en Euskadi. Uno cada dos horas. Es la punta del iceberg. Lo que se ve. Son las situaciones que afloran. Bajo la superficie se multiplican los casos silentes de mayor o menor intensidad que suponen una vulneración de los derechos humanos, incompatibles con la dignidad la mujer. 

52 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas en lo que llevamos de año. Hizo coincidir el asesino la última atrocidad con la jornada conmemorativa del Día Internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer el lunes pasado. 

52 identidades diferentes portando una misma mochila. Pesada. Porque pesa y mucho esta problemática social de tintes estructural y sistemático que se ha convertido desde hace tiempo en una asfixiante sangría.

¿Qué estamos haciendo mal?

Nunca la mujer ha tenido el actual grado de visibilidad social. A ellas les ha costado mucho llegar a este punto. Y queda todavía mucho margen de avance en materia de igualdad de género. Un terreno en el que todos debemos aportar como parte de la sociedad que somos. 

Las instituciones vienen abonando el terreno contra la violencia de género desde hace tiempo conjugando el rechazo absoluto contra cualquier expresión de violencia contra las mujeres con la adopción de actuaciones concretas para la protección y atención de las víctimas. Instituciones implicadas  en la reiterada promoción de campañas de sensibilización y concienciación para una prevención efectiva de la violencia. Conscientes de la necesidad de realizar las reformas legales necesarias para evitar interpretaciones judiciales que dictaminen sentencias vergonzantes, causa de rechazo social y fuente de descredito del sistema judicial.

Plena sintonía entre todas las personas que desarrollan una actividad política. Hasta ahora. Hasta el lunes pasado cuando la ultraderecha volvió a utilizar un foro institucional para buscar confrontación. Los herederos del franquismo, a la primera de cambio, hacen saltar por los aires 14 años de consenso en torno a las reclamaciones propias del 25N. Personas que generan desprecio por sus desprecios. Personas tóxicas.

Como hombre me sumo al rechazo a todas las expresiones de violencia ejercidas contra las mujeres en cualquiera de sus dimensiones, me coloco tras la pancarta para exigir su erradicación de la vida pública o privada y animo a todos aquellos hombres que, como yo, deploren  la violencia contra las mujeres a que así lo exterioricen.

Como padre y compañero os animo a seguir clamando por vuestros derechos como mujer. Os animo a continuar luchando para erradicar ese miedo instaurado que obliga a reclamar “de camino a casa quiero ser libre, no valiente”. 

Todos y todas debemos ser la voz de aquellas mujeres a las que silenciaron para siempre o aquellas otras forzadas a callar.

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