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ORDENO Y MANDO EN 4 FASES

30/04/2020 | Jose Antonio Suso

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ORDENO Y MANDO EN 4 FASES

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Durante estas siete semanas de confinamiento hemos estado girando, sí o sí, en torno al eje de ese huracán llamado Covid-19. Sin escudo protector vivimos sobreexpuestos a una sobredosis informativa, difícil de asimilar, a la que ciertas voces han dado en calificar como “infoxicación”. 

Nos va a tocar seguir citando a la pandemia pues, nos guste más o menos, su existencia está condicionando nuestra vida y nuestro futuro. Va llegando la hora de dejar de hablar del coronavirus. Toca pensar en lo que viene, en el futuro. Toca empezar a coger movimiento. Desempolvemos las bisagras de las puertas de nuestras casas sin esperar al desarrollo de una vacuna que nos libere de esta pesadilla porque, lamentablemente, eso no parece que vaya a ocurrir en un corto plazo de tiempo.  Y de eso va este “ostegunero”, del futuro post-covid.

La vida debe continuar, a pesar de nuestros temores. Puede generar una sensación de vértigo porque somos conscientes de que el riesgo de contagio sigue siendo una contingencia sin fecha de caducidad prevista.

Debemos ir retomando nuestra vida, nuestro trabajo y nuestra actividad aunque sea de forma diferente a la que había antes de esta crisis. Manteniendo como valor primordial nuestra salud debemos reanudar nuestra actividad económica, comercial, social y cultural.

Para hacerlo necesitamos una información puntual del estado de salud de la población, de la incidencia real del virus en Euskadi y de las posibilidades de repunte en algún momento. El  Gobierno Vasco dispone de esos datos y está comprometido en abundar en ello para obtener una fotografía de situación en alta definición. El departamento de Salud ha colocado a Euskadi a la cabecera de las Comunidades Autónomas en volumen de test diarios realizados.

El gobierno Sánchez ha optado por homogeneizar un problema heterogéneo. Antes de ayer anunciaba la puesta en marcha de un plan de desescalada que presenta una gestión unilateral comparable con una actuación de sargento chusquero. Ordena y manda que se desarrolle en cuatro fases que presentan inconcreciones e interrogantes. Ordena y manda que el ámbito territorial para medir la involución de la pandemia sea la provincia. En lo que a Araba respecta, nada que ver la situación de Kuartango, Kripan o Lagrán con la de Vitoria-Gasteiz, por poner algún ejemplo. Ordena y manda desatendiendo el criterio de que quien conoce de cerca y en profundidad las particularidades alavesas, bizkaianas o gipuzkoanas. Un error.

Corresponde a las instituciones  vascas hacer cumplir esta desescalada impuesta en cuatro tiempos. No tanto para limitar libertades (en algún momento y en casos concretos puede que se deba hacer de constatarse algún repunte) como para apelar a la responsabilidad de la ciudadanía vasca. Hemos aprendido a marchas forzadas el modo de comportarnos ante el virus. Hemos asimilado que este virus sucumbe ante la higiene personal pero también ante higiene social. Inédito para nuestra sociedad el concepto “distanciamiento social”  como lo ha sido sentir en plenitud las consecuencias de un confinamiento trasgredido en función de las necesidades del hogar en contadas ocasiones. Nos estamos reincorporando al trabajo con prudencia y seguridad. Estamos preparados, a nivel individual y colectivo, para abordar una rebaja del confinamiento desde la responsabilidad y el sentido común. Firmes. Sin espacio para el desaliento. 

Ultimo día de un mes en el que cuestionarse “¿quién me ha robado el mes de abril?” presenta un perfil retórico inoportuno. Con memoria vívida pero mirando al futuro para seguir construyendo.

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